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19

Jun 2013

La innovación de forma estructurada

por Antonio Villa

La innovación no es fácil. Dar con aquello que supone un cambio en la forma de ver las cosas viene asociado normalmente a la idea de creatividad, amplitud de miras o, más técnicamente, “pensamiento lateral”. Sin embargo, hay quien piensa que no tiene que ser necesariamente así.

La “innovación estructurada” parte de la idea de que innovar no tiene por qué suponer siempre un proceso anárquico en el que dejemos al hemisferio creativo de nuestro cerebro campar a sus anchas, generando ideas conforme vayan surgiendo en un brainstorming que puede llegar a ser frustrante. 

Recientemente hemos asistido a un curso básico de formación interna en Walnuters sobre “modelos de negocio“ en el que, entre otros conceptos, trabajamos con sistemas tales los como mapas de empatía,modelos Canvas, búsqueda de océanos azules y demás sistemas útiles para definir flujos de trabajo y optimizar tiempo y recursos de todo tipo, de cara a mejorar nuestra competitividad. Ello, unido a la reciente implementación del método Scrum como sistema de gestión de cuentas de clientes, nos ha llevado a experimentar y conocer en poco tiempo, un gran número de innovaciones aplicables a nuestra propia empresa. En definitiva, cambios radicales y novedosos respecto a lo que ésta había venido siendo hasta hace poco.

A la hora de valorar cualquier cambio sustancial en nuestro negocio, debemos de ser conscientes de lo que implica la palabra “innovación“. En la pasada década, si se le preguntaba a un ejecutivo senior de cualquier empresa del planeta que, en una escala de uno a diez, dijera lo importante que consideraba la innovación para el éxito de su empresa, la respuesta solía estar entre el nueve y el diez. Por otra parte, si con la misma escala se le preguntaba lo satisfecho que estaba del nivel de innovación de su negocio, la cosa no solía pasar del cinco. ¿Cómo se explica esta circunstancia? La respuesta está en lo que hemos dicho en el primer párrafo: la creencia en que la “innovación” conlleva mucho de aleatoriedad y que depende demasiado de que a la bombilla imaginaria sobre nuestras cabezas le dé ese día por encenderse, o no…

La mayoría de las empresas no pueden arriesgarse a la “innovación inspirada”, con oficinas con mesas de ping-pong, sillones orejeros, canastas de baloncesto y frisbees volando. Pero eso no significa que no valoren la innovación en sí. La quieren, por supuesto, pero la quieren cuando la necesitan y no cuando a ésta le dé por aparecer en escena.

Ante esta circunstancia, Drew Boyd y Jacob Goldenberg, han desarrollado un método al que podemos llamar de “innovación estructurada” consistente en dejar de “sacar al cerebro de paseo” para ver si le viene la inspiración y centrarlo y enfocarlo en algo concreto para ver, a través de cinco sistemas diversos, si se puede encontrar una solución novedosa a la cuestión planteada. Veámoslo con un poco más de detalle:

  • Sustracción: Se trataría de quitar elementos que en un principio se considerarían fundamentales en algo, para ver sí se puede obtener algo nuevo e interesante. Por ejemplo si a un vehículo diseñado para desplazarse le quitamos las ruedas (bicicleta estática), si a una sopa le quitamos el agua (sopa de sobre) o si a unas gafas le quitamos la montura (lentes de contacto). Otro ejemplo sería el caso del walkman, en su modelo original era una grabadora de cassette de las que ya existían, pero sin botón de grabación, lo cual no tenía ninguna lógica. Parecía una versión del original que era peor que el original. Sin embargo su éxito fue sorprendente.
  • Unificación: Con este sistema agruparíamos un conjunto de características en principio inconexas. Un ejemplo de ellas sería las mochilas escolares Samsonite, en lugar de simplemente acolchar las correas de las mismas para mitigar el daño del peso, decidieron usar dicho peso como ventaja y las hicieron de tal forma que, con la mochila puesta y cargada, presiona en puntos estratégicos de shiatsu, más intenso conforme más cargada está. Otro ejemplo serían los hoy tan comunes Captchas, esos códigos, tan difíciles de descifrar a veces, que debemos rellenar en formularios de internet para distinguir a las máquinas de los humanos. Lo que muchos no saben es que a la hora de rellenar los Captchas los usuarios también están ayudando a la tarea de digitalizar de forma masiva libros escritos y de difícil interpretación para los escanners. Al año los usuarios de internet están ayudando a digitalizar el equivalente a 150.000 libros.
  • Multiplicación: Se trataría de copiar un elemento y posteriormente alterarlo, variando ligeramente su utilidad. Por ejemplo, en 1971, Gillete introdujo la maquinilla de afeitar de doble hoja, donde cada una de ellas desarrollaba una función distinta. Otros ejemplos podrían ser las gafas bifocales o la cinta adhesiva de doble uso. Pero este sistema también tiene una aplicación en los servicios. Así algunas universidades privadas con exámenes de ingreso introducen en sus test preguntas que no van a ser valoradas pero que sirven para realizar los exámenes en próximas convocatorias y garantizar así que el nivel de dificultad de acceso permanece más o menos constante a lo largo del tiempo. 
  • División: Con este sistema separaríamos un elemento de un producto o servicio y lo modificaríamos. Por ejemplo los antiguos aparatos de aire acondicionado en los que todo venía incluido en la misma caja que se encastraba en la pared. Dividiendo el concepto surgieron los splits, que alejaron el motor y el ventilador a otro lugar, reduciendo así el ruido y la molestia de un aparato voluminoso.En cuanto a servicios que se aprovecharon de esta técnica podrían citarse a multitud de programas formativos generalistas para empresas, en los que tras una division de sus módulos resultaron ser mucho más atractivos para sus posibles participantes y mucho más fáciles de vender para los comerciales que tenían el encargo de hacerlo.
  • Atributos dependientes: Se trataría de hacer que los atributos de un producto cambiaran cuando los de otro que le rodea también lo haga. Como producto que más claramente se adecua a este sistema podemos citar a los cristales de gafas que se oscurecen conforme la luminosidad aumenta. 

Si hablamos de servicios que ejemplifiquen esta técnica, algunos llevan ya tanto tiempo entre nosotros que prácticamente no los consideramos innovación en absoluto, pero sí que lo fueron en su día. Son los programas de fidelización de clientes a través de tarjetas de cliente habitual o descuentos por traer nuevos clientes al negocio.

La clave para ser constantes en el proceso de innovación es crear una nueva forma para algo familiar y luego encontrar una función que pueda realizar, por esta razón es por lo que cuando oímos algo acerca de una nueva idea, a menudo sentimos una sensación de disgusto con nosotros mismos del tipo “¿por qué no se me habrá ocurrido a mi?”, la mayoría de las ideas están justo debajo de nuestras narices conectadas de alguna manera con nuestra realidad o mundo circundante.

Pero, ¿y a mi empresa qué le afecta?

La empresa de hoy día debe estar abierta a un constante proceso de innovación ya en productos como en servicios, no sólo de cara a lo que se comercializa sino también en su propia manera de funcionar, sus propios flujos de trabajo, su propia manera de ser competitiva con respecto a su competencia. Si hablamos de lodigital, que es lo que nos afecta,  la necesidad de innovar en nuestra oferta de productos y servicios es aún más necesaria.

No podemos limitarnos a vender lo mismo a través de una pantalla, debemos buscar ese complemento de valor que la potencia de lo digital nos ofrece, debemos ser capaces de ver lo que ya tenemos e innovar a partir de ahíY para ello no son necesarias ideas brillantes alrededor del futbolín de la oficina, basta con un sistema de “innovación estructurada” que maximice la capa digital tanto de nuestra empresa como de nuestros productos y servicios. 

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